San José: Advenimiento de una ciudad fantasma

El rumbo de las ciudades en los últimos años, con el ejemplo puntual de San José, Costa Rica.

Son las 7 de la noche en San José. Un grupo de personas de diferentes edades, en su mayoría jóvenes, acaparan  los hermosos parques de la “ciudad”, junto a malabaristas, actores y skaters que andan de arriba a abajo.

Muchos observan, otros escuchan los interesantes sonidos de la música jazz que provienen de algún rincón. Sin policías a la vista, porque el espacio público, al estar en uso, se cuida solo. Esta multitud disfruta en tranquilidad de un espectáculo gratuito que los une como comunidad. La ciudad está viva.

Todo parece una ciudad modelo, un cuento de lo que debería ser la capital diariamente, sin embargo, los que conocemos San José, sabemos que no es así. Sin embargo, esto fue lo que presencié en el último festival urbano Transitarte, el cual se realizó por varios días en marzo del año pasado. La gran mayoría de los días, San José es un espectro, un vestigio de lo que fue el corazón de la Suiza centroamericana.

San José Transitarte - A. CristiáTransitarte 2012, San José. Fuente: Fotos por A. Cristiá

La globalización, ¿positivo o negativo?

La globalización es el movimiento mundial que une a la raza humana. Es el factor que homogeniza nuestras necesidades y nos permite vivir de manera digna. Pero, ¿cuál es el combustible que alimenta esta poderosa herramienta, que según lo planteado, suena como la mejor promesa para el mundo? Si pensaron en el dinero, están en lo correcto. Es por lo tanto, el dinero lo que nos une. Es nuestro “derecho” como consumidores fácilmente persuasibles lo que nos hacen ciudadanos globalizados.

Las ciudades adquieren el título de “en vías de desarrollo” cuando consiguen cierta estabilidad y aumento en su desarrollo económico. Estas ciudades desean incursionar en el mercado internacional, volviéndose en muchos casos sedes de mega-corporaciones pertenecientes a países desarrollados. Se convierten en una especie de delegaciones, pues necesitan núcleos operacionales. Estos núcleos deben ser, a imagen de los “grandes magnates”, lugares seguros, de alta calidad, por lo que invierten centenares de dinero en ellos, convirtiendo esto en el mayor interés político. Todo lo que los rodea queda al margen, se crea una segregación, económica, política y social. Centroamérica, por poner un ejemplo, se convierte en un collage de fragmentos de un mundo industrializado con piezas dispersas de pobreza y subdesarrollo que se intentan esconder al mundo.

Las ciudades como reflejo de nuestra personalidad

Se han hecho varios intentos de devolverle la vida a las ciudades, y en el caso puntual de San José: actividades, remodelaciones de parques o edificación de torres de vivienda (que terminan poniéndoles precios que el ciudadano promedio no puede pagar). Lamentablemente vivimos en la época de la información masiva… y del conocimiento limitado: el Sol, al irse, nos ofrece un espectáculo en vivo, gratuito, pero nosotros preferimos pagar para verlo por nuestras pantallas.

Los lugares históricos de San José, y sus puntos de reunión, son reemplazados por oficinas y establecimientos comerciales. La población entonces, se desplaza a vivir en las periferias, prefiere comprar en centros comerciales seguros, aislados y excluyentes, sumado a esto el incremento en el uso del transporte privado. La ciudad se ha deshumanizado. Esto convierte a la capital en un pueblo fantasma durante la noche, abriendo paso a deambulantes y a la contaminación.

Identidad y Patrimonio

Hasta aquí ya sabemos que la mayor fuerza que mueve el desarrollo de las ciudades actuales es el marketing. Ya no se piensa la persona como ciudadano, sino como consumidor. Esto implica invertir en edificios costosos descontextualizados, pues se imponen dentro de un entorno que fue creciendo de manera gradual a través de muchas décadas. También, en muchos casos se traen a profesionales de otros rincones del mundo para que se encarguen de su construcción, añadiéndole más importancia a la obra que a lo que la rodea (y por supuesto, subestimando al personal local), deteriorando la identidad.

Después de la desocupación residencial del Centro, las personas se refugian en las afueras, crean sus propias micro-ciudades amuralladas, llámense, urbanizaciones y condominios. Estos lugares poseen seguridad controlada y un entorno urbano “más deseable”. Sin embargo, la mayoría de las fuentes de producción siguen en el Centro, así que muchos tienen que desplazarse hasta San José para trabajar, lo que por supuesto aumenta el uso del transporte privado, y ya hemos visto lo que ocurre con nuestras carreteras de dos carriles en horas pico, por si el precio de la gasolina o la contaminación del aire no fueran suficientes problemas. Agregado a esto, los centros comerciales, edificios seguros, aislados y excluidores, donde nada nos haga preocuparnos de nuestro principal objetivo: comprar. Los mercados de ciudad comienzan a mermar. Los Multiplaza continúan expandiéndose.

Ahora entra otro factor que va de la mano con la identidad: el patrimonio. Un elemento que distingue a las ciudades y que sirve de testigo, un legado de los antepasados y sus logros convertidos en grandes libros abiertos de concreto y acero. A pesar que nuestro patrimonio arquitectónico en el Centro está conformado en su mayoría por copias de estilos extranjeros, y en mi opinión no son tan relevantes como las casas de adobe o los ranchos indígenas, tengo que admitir que el caso de Barrio Amón posee un encanto que pudo ser aprovechado. Sin embargo, instituciones como el Centro de Conservación de Patrimonio, que son encargadas de velar nuestro patrimonio cultural, histórico y arquitectónico, no mostraron el mismo interés por salvar Barrio Amón que el que muestran con su ferviente oposición a la nueva Asamblea Legislativa. Yo pregunto: ¿Dónde estaban cuando Barrio Amón fue invadida por los hijos de la noche?

Barrio Amón - A. Cristiá

Imágenes de Barrio Amón. Fuente: Fotos por A. Cristiá

Los lugares públicos, aquellos donde nuestros abuelos alguna vez se conocieron y congeniaron, aquellos llamados hitos, los puntos de reunión, las plazas, los museos, están dando lugar a una serie de edificaciones a-contextuales (sin tiempo, ni espacio, ni historia), que albergan atracciones de un turismo de fantasía. No-lugares. Esperemos que no llegue el día en que nos preguntemos angustiados, ¿de dónde venimos? Pero así como vamos, estaremos más preocupados en nuestros celulares, que en disfrutar de un hermoso día josefino. La ciudad ya no parece ser importante.

Publicado originalmente en:
La Prensa Libre, 04-6-14
La Prensa Libre, 28-6-14
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