Arq. Hernán Ortiz, maestro de la arquitectura costarricense

La historia de una nación surge con el aliento de un pueblo que la vive, que le da forma poco a poco, y donde desarrolla una identidad que la distingue. Pero de vez en cuando emergen distintos personajes que sirven de guía y marcan hitos. Uno de los elementos que caracteriza a un pueblo es su entorno construido; la arquitectura es, en cierta medida, la forma de una sociedad, por lo que los arquitectos, para bien o para mal, han contribuido a materializar los sueños e ideales de ese pueblo.

Así introduzco al gran Hernán Ortiz Ortiz, arquitecto que no solo se preocupó por el correcto desarrollo de esta ancestral profesión en el país, sino que también dedicó gran parte de su vida a la educación y a la protección de algunas de las obras humanas que caracterizan el paisaje costarricense que alberga esa identidad.

Hernán Oriz nació en Cartago en setiembre de 1935. En el año 1962 obtiene su título de arquitecto en la Universidad Nacional Autónoma de México, en una época en que no existía formalmente la carrera de arquitectura en Costa Rica. Cuatro años después viaja a Israel para conocer acerca de la planificación agrícola y el desarrollo regional, gracias a un programa del Departamento de Capacitación para el Extranjero de Tel Aviv.

En 1976 se convierte en presidente del Colegio de Arquitectos de Costa Rica, y en el 77 es el primer arquitecto en ser presidente del Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos. Durante esta administración se lleva a cabo el “Seminario de planificación regional urbana” en 1978, un ambicioso evento en donde se contó con la participación multidisciplinaria de arquitectos, urbanistas, sociólogos, geógrafos y más, provenientes de distintos países, muy conscientes de la problemática urbana que estaba surgiendo en las ciudades modernas latinoamericanas, cuyas medidas de prevención para que nuestro espacio habitable no se convirtiera en un caos irreversible, deberían ser los objetivos principales de los Colegios profesionales.

El fruto de las deliberaciones y debates de este Seminario iba a ser abordado por las distintas instituciones públicas gracias al compromiso e interés expresado por el Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo y el Gobierno de la República. ¿Quién hubiera podido imaginar que en ese mismo año el país comenzaría una de las peores crisis económicas de su historia? Este y otros proyectos fueron cayendo en el olvido, pero eso no hizo menguar la actitud de nuestro arquitecto.

Aun después de esta etapa, Hernán nunca se alejó del Colegio; no se abstuvo de comentar sus opiniones e inquietudes acerca de los intereses que deberían tener tales organismos, criticando en numerosas ocasiones la superficialidad con la que hoy actúan en sus iniciativas y proyectos, aun con el riesgo de ganarse adversarios. Tampoco dejó de ofrecer su disponibilidad para ayudar en lo que fuese necesario sin solicitar remuneración de ningún tipo.

El arquitecto Ortiz no tuvo hijos de carne y hueso, pero sí muchos de concreto que todavía hoy se alzan sobre la tierra. Entre algunos de sus proyectos se encuentran: el Banco de Sangre del Hospital Nacional de Niños, el edificio de la Cruz Roja en Limón, el Colegio de Enfermeras en San José, la Sede del Centro Latinoamericano de Demografía de la UCR, la Estación de Bomberos de Puriscal, el mirador de Paraíso en Ujarrás y el de Orosi, y la propuesta de restauración de la Casa Centeno Güell en la que tuve el honor de acompañarlo pero que lastimosamente no llegó a concretarse.

Más allá de entregar su vida a la profesión que amaba, también descubrió otra pasión: la enseñanza. Desde 1977 compartió a los nuevos aspirantes a arquitectos sus grandes enseñanzas en distintos centros universitarios. Harían falta gran cantidad de páginas para narrar todas sus obras, sus publicaciones, aportes a la profesión y a la academia, sus historias, su sabiduría; la huella que dejó en sus estudiantes, hoy profesionales, contribuyó a que soñemos con dejar en este mundo bellos hijos habitables que sobrevivan a sus creadores y se conviertan en testimonios de una era. También advertía de no dejarnos absorber por el egocentrismo y el individualismo, exaltando la necesidad de integrar a esta profesión las enseñanzas de distintos campos como la filosofía y la historia.

El pasado miércoles 4 de setiembre, a pocos días de cumplir los 84 años, fallece en San José mi gran maestro y amigo, el arquitecto Hernán Ortiz, apasionado por la arquitectura y la enseñanza. A pesar del camino incierto que está teniendo la profesión en nuestra época, donde imperan el choque visual y los sistemas predefinidos, donde la gran empresa y el negocio inmobiliario han hurtado parte del alma de una nación que cada vez tiene más problemas en encontrar su identidad, aun así nunca dejó de esbozar su sonrisa, ni dejó de tomarse la adversidad con humor e ironía. Así lo recordaremos por siempre.

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Arq. Alejandro Cristiá Batista


 

Lamentablemente no poseo fotografías de las obras construidas de este gran arquitecto, pero aquí comparto algunas de las obras no-construidas que adornaban su studio.

 

 

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